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Perfume del Perdón
Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. [Lucas 6:36]
Samuel Johnson, el escritor inglés más citado después de William Shakespeare, dijo en cierta ocasión, que «el camino más corto para llegar a su corazón y recibir su favor, era haciéndole una injuria.”
Como hijo fiel, Samuel vivía para agradar a su Dios, y se gozaba con cada oportunidad que se le presentaba para demostrar que no había provocación que lo moviera de la Roca firme que lo sostenía…
El creyente en Jesucristo no es como la hoja que mueve el viento, ni baila al son que le tocan; tampoco es como el camaleón que se vale del camuflaje para pasar desapercibido… sino, dueño de sí mismo, firme en sus convicciones, con espíritu de poder, de amor y de dominio propio; dispuesto a amar y a perdonar… «Setenta veces siete»
En cierta ocasión se le preguntó a un joven ciego acerca del perdón y él contestó:
-Perdón es el perfume que despiden las flores cuando son pisoteadas…. es la fragancia que dejan éstas en la suela del calzado de quien las ha pisado. ¡Qué bello pensamiento para unirlo a la oración de Jesús mientras agonizaba en la cruz! “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” [Lucas 23:34]
Si preguntara a cada lector de esta columna si se ha visto en la disyuntiva de tener que perdonar, en mayor o menor grado, alguna injuria, creo que la mayoría al unísono diría: Sí.
…“Tener que perdonar”… Y es que, conforme a los sentimientos, nos resistimos, mas conforme al espíritu, soltamos nuestras armas y cedemos. La carne es débil, mas el espíritu siempre está presto. Quien ha sido regenerado en el espíritu piensa y actúa conforme a esto: -Yo no puedo con mis propias fuerzas, pero con Cristo puedo, porque… quiero. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” [Fil. 4:13] El perdón libera y sana… deseo la liberación de mis ofensores como también la mía. La ley de la libertad es la del amor…
“Tú, Señor, eres mi refugio; me guardarás de la angustia; con cánticos de liberación me rodearás.” [Salmo 32:7]
Desde la creación de la humanidad hay choques emocionales que causan heridas; éstas, solamente pueden ser sanadas con el bálsamo de la sangre del Cordero. Quien no se refugia en los brazos amorosos de Jesús jamás podrá perdonar ni querrá ser perdonado; vivirá en amargura, o en la obsesión del ojo por ojo y diente por diente durante toda su existencia. ¿En cuántas personas tal obsesión es producto de la auto-justificación? ¿Erguimos la cabeza como la serpiente o nos enroscamos como el gusano?
Dice un refrán español que: “Volver mal por bien es diabólico; volver bien por bien es humano; pero volver bien por mal es divino.”
“Amemos a nuestros enemigos, bendigamos a los que nos maldicen, hagamos bien a los que nos aborrecen, y oremos por los que nos injurian y nos persiguen…” [Mateo 5:44]
¡Cuánta paz sentimos cuando, en vez de acusar al ofensor, decidimos bendecirle! A eso nos llamó el Señor y es ahí que podemos testificar que el amor de Dios en nuestros corazones es real y no fingido… andando en Amor como también Cristo nos amó. ¡Bendecidos! ¡Bendecidos! ¡Bendecidos!
“Bienaventurados son cuando por mi causa los vituperen y los persigan, y digan toda clase de mal contra ustedes… mintiendo. Gócense y alégrense, porque su galardón es grande en los cielos…” [Mateo 5:11-12]
ZCR
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